Montaña y competición

Hoy nos centramos en un artículo de opinión. Mejor dicho, en un artículo de reflexión. Por tanto,es normal que muchos de vosotros no estéis de acuerdo con lo que se dice en estas líneas.

Desde hace cuatro o cinco años, las pruebas competitivas en montaña están experimentando un crecimiento desmesurado. Concretamente las pruebas de ultra resistencia a pie. Y si, digo pruebas a pie y no trail running por una sencilla razón, porque las considero paseos largos en los que de vez en cuando, corremos.

La cosa está en que hace diez años, los que íbamos al monte a pasear con nuestros macutos éramos mirados como bichos raros cuando en las bajadas nos echábamos una carrerita. Y otra vez digo en las bajadas, porque en las subidas no corría ni Dios con  15 kg a la espalda. No entrenábamos para ello, no llevábamos reloj y mucho menos nos preocupaba en que zona de umbral nos encontrábamos. Sabíamos que salíamos un viernes, y llegaríamos un sábado por la tarde a casa, tras haber dormido al raso, haber subido este o aquel pico, habiéndonos despertado con el sol y el viento molestando en la cara. Eso en el mejor de los casos. Sabíamos que aquello nos gustaba. Estar en la montaña era a la vez un fin y un medio. Y la máxima felicidad consistía en que cuanto más tiempo pasáramos allí, mejor. 

Fue entonces cuando empezábamos a oír hablar de carreras de montaña y cogíamos y nos apuntábamos. Es una sensación indescriptible completar en menos de tres horas rutas que años atrás me habían llevado dos días. Quedé enganchado a esta manera de desplazarme por la montaña. Moverte ligero, pudiendo saltar entre las piedras sin un lastre que me desequilibre. Cubrir grandes espacios de terreno, haciendo que tu mapa mental vaya posicionando cada risco en su lugar.

Como cada vez corres más y más rápido, decides apuntarte a carreras más largas, sacrificando la pureza de la actividad por la seguridad que te da un dorsal, pero no olvidemos que esa seguridad también es artificialidad. Aunque no voy a ser demagogo. En mi caso, sin ese dorsal y sin esa seguridad que dan los avituallamientos o un rescate rápido en caso de percance, no me enfrentaría a pruebas de más de 100 km por alta montaña en las que se está casi 24 horas seguidas en movimiento y que te llevan al límite de tu capacidad física y mental. Tanto es así, que en mi primer Ultra, en el km 96 me sorprendí a mi mismo pensando en que, por favor, no me hiciese un esguince, porque estaba tan cansado, que no iba a poder soportar un poco más de dolor.

Pero hay una cosa que nunca cambia; el entorno. Es la esencia de estar donde estoy. Lo que cambia es el modo de hacerlo. Claramente la montaña me llama y, tras más de una década visitándola, sé que me encanta pasar muchas horas en ella. Es mi medio. Pero aún sigo acojonándome como un niño pequeño cuando se acerca una nube fea en un sitio desprotegido, cuando se me va a hacer de noche sin que lo tuviese planeado, cuando la fuente o el río donde contaba encontrar agua está seco o cuando la niebla no te deja ver la palma de tu mano a un brazo de distancia. Por no hablar del frío que no te deja pensar o el dolor de cabeza que te produce la mezcla del sol, altitud y deshidratación. Pese a todo esto, los que estamos enamorados de ella, seguimos volviendo, seguimos cuidándola.

Montaña y competicion - Tracius Weightlifting & Fitness

Como comenzaba diciendo, hoy en día las pruebas de ultra resistencia están de moda. No deja de sorprenderme que mucha gente se inicia en las carreras de montaña con pruebas de 100 km, sin ni siquiera haber probado una maratón, o mismamente sin haber subido nunca al pico más alto de su comunidad. No me voy a meter a hablar de las consecuencias físicas que eso tiene sobre el organismo, porque sería tirarme piedras contra mi propio tejado. Pero si que percibo otro ambiente en las pruebas. Se oye hablar cada vez más de “a cuánto has metido el km” y menos sobre los preciosos collados atravesados. Esto es una clara herencia de las carreras de asfalto, donde lo que prima es el crono.

Por otro lado se empieza a ver a gente que tras tomarse un gel, tira el envoltorio al suelo, como si nada. Sencillamente esta gente no siente amor por el monte. No se me ocurre otra razón.

No me voy a meter sobre el impacto medioambiental de estas pruebas, quizás en otro artículo. O el tipo de entrenamiento que hace falta para afrontar con garantías una prueba de este estilo. Hoy simplemente clamo por que la esencia de la montaña no se pierda en las carreras. No antepongamos el crono al paisaje. El ganar al disfrutar. Busquemos nuestros límites, pero siempre con respeto a la naturaleza. De ello depende que este tipo de pruebas perduren en el tiempo.

Y repito, esta es mi humilde opinión.

Si alguien no está familiarizado con este tipo de pruebas  aquí os dejo un link de un documental que yo mismo produje sobre el Ultra Pirineu.  A disfrutar.

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Sergio Pulido
Sergio Pulido
Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad Politécnica de Madrid. Propietario de Biking BIKES. Practicante de deportes al aire libre como BTT, Kayak de mar, escalada deportiva, escalada clásica, vías ferratas, montaña invernal y alpinismo.

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